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Akratas (del griego α-, "no" y κράτος, "fuerza, violencia") es sinónimo de anarquia, anarquista, anarquismo.

Aquí encontrarás diversos temas relacionados con el movimiento AnarquistA en todo el mundo, se han incluído algunos vínculos a sitios AnarquistAs de interés, el sitio ANARCHY TV, también el foro chat de Akratas Blog, música de uno de mis grupos favoritos, Sin Dios y videos AnarquistAs entre otros.


"No se puede menospreciar el papel protagónico que ha desempeñado el pueblo en nuestro proceso revolucionario. Es a este pueblo libre trabajador al cual reivindicamos y consideramos único dueño y líder de nuestra revolución AnarquistA. Es a este pueblo, sin caer en nociones románticas del término, al cual dirigimos nuestro mensaje AnarquistA, no para sentar cátedra ni para “iluminar” a nadie, sino para que los revolucionarios se identifiquen y reconozcan en esas prácticas, las adopten y las adapten según se les antoje; para poder avanzar más rápidamente en esta necesaria transformación social."

"¿Habéis organizado ya vuestra colectividad? No esperéis más. ¡Ocupad las tierras! Organizaos de manera que no haya jefes ni parásitos entre vosotros. Si no realizáis eso, es inútil que continuemos hacia adelante. Tenemos que crear un mundo nuevo, diferente al que estamos destruyendo." - Durruti


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Pensamientos AnarquistAs

Esto es autodefensa ante la agresión de la religión contra la razón y lógica humana.

Errico Malatesta

Pensador italiano del anarquismo moderno, con él se dice que se cierra una etapa de los clásicos anarquistas (junto a Proudhon, Bakunin y Kropotkin).

¿Cuántas veces tendremos que repetir que no queremos imponer nada a nadie; que no creemos ni posible ni deseable querer el bien de la gente por la fuerza y que lo único que queremos es que nadie nos imponga a nosotros su voluntad, que nadie pueda imponer a los demás su forma de vida social de no ser libremente aceptada?

El anarquismo no puede ser impuesto, ya sea por razones morales de respeto a la libertad, ya sea por la imposibilidad de aplicar a la fuerza un régimen de justicia para todos. No puede ser impuesto a la mayoría por una minoría, pero tampoco por la mayoría a una o varias minorías.

Por eso somos anarquistas, es decir, queremos que todos tengan la libertad efectiva de vivir como quieran, lo cual no es posible sin expropiar a los que actualmente detienen la riqueza social y sin poner los medios de trabajo a disposición de todos.

La base fundamental del método anarquista es la libertad, y, por lo tanto, luchamos y lucharemos contra todo lo que viole la libertad (libertad igual para todos), cualquiera que sea el régimen dominante: monarquía, república u otros. Nosotros, por el contrario, no pretendemos poseer la verdad absoluta, creemos más bien en la verdad social; la mejor forma de convivencia social no es algo fijo, válido para todos los tiempos y para todos los lugares, algo que pueda determinarse con anticipación, sino algo que, una vez asegurada la libertad, se va descubriendo y llevando gradualmente a la práctica con los menores roces y la menor violencia posibles. Por eso nuestras soluciones dejan siempre la puerta a varias soluciones y, a poder ser, mejores.

Nuestro objetivo es el bien de todos, la eliminación de todos los sufrimientos y la generalización de todas las alegrías que puedan depender de la voluntad humana; es la paz y el amor entre todos los seres humanos; es una nueva y mejor civilización, una humanidad más digna y feliz. Pero creemos que el bien de todos no puede alcanzarse realmente más que con la consciente colaboración de todos; creemos que no existen fórmulas mágicas capaces de resolver las dificultades; que no hay doctrinas universales e infalibles aplicables a todos los hombres y a todos los casos; que no hay hombres y partidos providenciales que puedan sustituir útilmente la voluntad de los demás por la suya propia y hacer el bien a la fuerza; creemos que la vida social adquiere siempre las formas que resultan del contraste de los intereses ideales de los que piensan y quieren. Por eso convocamos a todos a pensar y a querer.

Anarquista es, por definición, aquél que no quiere estar oprimido y no quiere ser opresor; aquél que quiere el máximo bienestar, la máxima libertad, el máximo desarrollo posible de todos los seres humanos. Sus ideas, su voluntad tienen origen en el sentido de simpatía, de amor, de respeto hacia todos los humanos: sentimiento que debe ser lo bastante fuerte para inducirlo a desear el bien de los demás como el suyo propio y a renunciar a aquellas ventajas personales que exigen, para ser obtenidas, el sacrificio de los demás.

O ser oprimido, o ser opresor, o cooperar voluntariamente para el mayor bien de todos. No hay otra alternativa posible; y los anarquistas están naturalmente, y no pueden no estarlo, a favor de la cooperación deliberada y libre.

Que no nos vengan con filosofías y hablarnos de egoísmo, altruismo u otros rompecabezas. Estamos de acuerdo: somos todos egoístas, todos buscamos nuestra satisfacción. Pero es anarquista aquél cuya máxima satisfacción es la de luchar para el bien de todos, para la realización de una sociedad en la que él pueda encontrarse, hermano entre hermanos, en medio de hombres sanos, inteligentes cultos y felices.

El que, en cambio, puede adaptarse, contento, a vivir entre esclavos y a sacar provecho del trabajo de los esclavos, no es, no puede ser anarquista.

Oveja Negra

Akratas Blog presenta OVEJA NEGRA

Boletín AnarquistA

Vol. 1





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!Ellos tienen reservaciones VIP en el "infierno"!

Las Elecciones "democráticas"

" Yo no quiero gobernar ni ser gobernado, no quiero reinar ni ser súbdito, no quiero doctrinar ni ser doctrinado.

A mi, que nunca tengo el poder y que sin embargo lo hago; a mi, que pago dinero al opresor, cualquiera que sea y de donde quiera que venga, y que de alguna manera soy siempre el oprimido.

¿Qué me importa a mi este columpio que alternativamente abate y exalta la cobardía y la abyección? ¿Qué tengo que decir del gobierno y de la oposición, si no que ésta es una tiranía en formación y aquel una tiranía de hecho?

¿Por qué despreciar más a este campeón que al otro, cuando ambos no se ocupan si no de edificar sus placeres y sus fortunas sobre mis dolores y mi ruina? "


¡Las Elecciones "democráticas" no son más que un FRAUDE!

Dicho esto, afrontaré la situación sin preocuparme de los sentimientos de miedo o de los sueños de esperanza que podrán empujar de vez en cuando a mi favor o en mi contra, a los evocadores de la monarquía y los profetas de la dictadura democrática. Usando la inalienable facultad que me dan mi título de ciudadano y de mi interés como ser humano, razonando sin pasión así como sin debilidad; austero como mi derecho, calmo como mis sentimientos diré:

Cada individuo que en el presente estado de las cosas, pone en la urna electoral una papeleta para la elección de un poder legislativo o de un poder ejecutivo (llamesele referéndum, "fiesta democrática" o como se le quiera llamar) es -si no voluntariamente, al menos por desconocimiento, si no directamente al menos indirectamente- un mal ciudadano. Ratifico lo dicho sin quitarle una sílaba.

Al presentar la cuestión de este modo, me desembarazo de una sola vez de los democráticos, que persiguen la realización del monopolio electoral, y de los gubernamentalistas republicanos, que hacen de la formación de los poderes políticos un producto del derecho común.

En realidad caigo no en el aislamiento, -que por otra parte me preocuparía poco-, si no en medio del vasto núcleo democrático, más de un tercio de los electores inscritos, que protesta con una abstención contínua contra la indigna y miserable suerte que le hacen sufrir, desde hace años la hedionda ambición y la no menos despreciable rapiña de los partidos y de los vividores, por lo tanto es exacto decir que los poderes políticos se forman sin la anticipación de más de un tercio de los cuidadanos del mal llamado país.

Es a ese tercio al que me dirijo, porque allí se convendrá en ello, no existen el miedo que vota bajo el pretexto de conservar, ni la ignorancia servil que vota por votar; allí existe la serenidad filosófica que fundamenta en una conciencia apacible el trabajo útil, la producción no interrumpida, el mérito oscuro, el coraje modesto.

Los partidos han calificado de malos ciudadanos a estos sabios y serios filósofos de los intereses materiales, que se mezclan a las saturnales de la intriga; los partidos tienen horror de la indiferencia política, metal sin poros que ninguna dominación puede corroer.

Es tiempo de prestar atención a estos legionarios de la abstención, porque es entre ellos que se encuentra la verdad, es entre ellos que reside la libertad, tan exclusivamente, tan absolutamente, que esta libertad no será alcanzada por la humanidad si no el día en que el pueblo entero imite su ejemplo.

Para aclarar la demostración que estoy haciendo, debo examinar dos cosas: primero ¿cuál es el objetivo del voto político? Segundo ¿cuál debe ser inevitablemente su resultado?

El voto político tiene un doble objetivo, directo e indirecto; el primero es constituír un poder, el segundo es -una vez constituído éste- "liberar a los ciudadanos y reducir las cargas que pesan sobre ellos, y además hacerles justicia."

Este es, si no me equivoco, el objetivo reconocido del voto político, en cuanto al interior. Aquí no está en cuestión lo que atañe al exterior, por tanto yendo a votar, el elector reconoce que no es libre y atribuye a aquél por quien vota la facultad de liberarlo, confiesa que está oprimido y admite que el poder tiene la fuerza de volverlo a levantar, declara querer la institución de la justicia y concede a sus delegados toda autoridad para juzgarlo.

Muy bien, pero reconocer a uno o más hombres estas capacidades ¿no es poner mi libertad, mi fortuna y mi derecho fuera de mi? ¿No es admitir formalmente que éste o éstos hombres -que pueden liberarme, volver a levantarme y juzgarme-, son capaces así mismo de oprimirme, arruinarme, juzgarme mal?

E inclusive les es imposible hacer otra cosa, considerando que, al haberles sido transferidos todos mis derechos, yo ya no tengo ninguno y que protegiendo el derecho, no hacen si no protegerse a sí mismos.

Si yo pido algo a alguien, admito que éste tiene lo que yo le pido, sería absurdo que hiciese una petición para obtener algo que ya está en mi poder. Si tuviera el uso de mi libertad, de mi fortuna, de mi derecho, no iría a pedírselos a nadie. Si se los pido, probablemente es porque éste los posee y, si es así, no veo del todo claro qué elecciones mías tenga que recibir acerca del uso que considere oportuno darles.

Pero, ¿cómo es que el poder se encuentra en posesión de lo que me pertenece? ¿Cómo lo ha conseguido? El poder, tomando como ejemplo aquello que tenemos delante, está constituído por el señor "don fulano" quien, todavía ayer, era un pobre proscrito sin demasiada libertad, y sin más dinero que libertad; por setecientos cincuenta "júpiteres" tonantes que -vestidos como todos y no más bellos ciertamente-, hace unos meses hablaban con nosotros, -y no mejor que nosotros, oso decirlo-; por siete u ocho ministros y sus acólitos, la mayor parte de los cuales, antes de tirar las cuerdas de las finanzas del país, tiraban de la cola del diablo con tanta obstinación como un amanuense cualquiera.

¿Cómo ha sucedido que estos pobres desgraciados de ayer sean mis patrones de hoy? ¿Cómo es que éstos señores detentan el poder al cual han sido enajenadas toda libertad, toda riqueza, toda justicia? ¿A quién hay que responsabilizar por las persecusiones, las imposiciones, las iniquidades que sufrimos todos nosotros? ¡A los votantes, evidentemente!

El Tribunal Supremo de Elecciones, que fue el que empezó a meternos en el baile, el señor presidente, quien continúa la instrumentación; y la Asamblea Legislativa, que ha venido a reforzar la orquesta, todo esto no se ha hecho solo. No, todo esto es producto del voto y las elecciones. A todos aquellos que han votado alguna vez en sus vidas les corresponde la responsabilidad de lo que ha sucedido y lo que seguirá. Nosotros, libertarios del trabajo y de la abstención, no aceptamos esa responsabilidad.

No busquen entre nosotros la solidaridad con las leyes opresivas, los reglamentos inquisitoriales, los asesinatos políticos, las ejecuciones policíacas, los privamientos de libertad, los desalojos, las deportaciones... la crisis inmensa que aplasta a la humanidad. ¡Vayan a golpearse el pecho y a prepararse para el juicio de la historia de la humanidad, maníacos del gobierno!

Nuestra conciencia está tranquila. Ya es bastante que, por un fenómeno que repugna a toda lógica, suframos un yugo que sólo ustedes han fabricado, ya es bastante que hayan empeñado, junto con lo que les pertenecía, lo que no les pertenecía -lo que debería ser inviolable y sagrado-, la libertad y el futuro de los demás.